La ebullición en los medios acerca del triunfo de la alianza opositora UNIÓN-PRO en el distrito capital y en la provincia más rica del país, plantea un escenario político ¿diferente? para los próximos años.
En las últimas elecciones legislativas, una suerte de plebiscito tradicional según la semiótica política, las urnas cantaron un apoyo hacia la oposición a un refuerzo del Gobierno de turno.
Los resultados más allá de los números y estadísticas, tradujeron que los porteños apoyan la propuesta local a nivel nacional con una dosis de proyectos específicos de largo plazo de partidos hasta ahora minoritarios y de origen vertiente, y otra porción de una alianza histórica y afín que se juntaron tras años de haberse separado. ¿Y el oficialismo? El oficialismo siempre cayó antipático en Buenos Aires. Pero los detalles en Capital son más que curiosos: se deducía un apoyo hacia el macrismo porque los K llevaron un candidato muy poco cercano a la gente. Además, el ascenso fugaz de Pino Solanas tras el debate de los candidatos por un canal de cable, le robó puntos al Acuerdo Cívico y Social quien se posicionó en lo más bajo del podio.
El aplastante cuarto lugar para el candidato del oficialismo no hubiera pasado a tremendas si no fuera porque los gigantes de su partido perdieran aunque por un palmo la elección en la provincia de Buenos Aires. Es que la aritmética del poder político en este país es: Capital + Buenos Aires + 3 provincias importantes= poder absoluto. Entendiendo que la lógica Federal que supimos conseguir distingue el distrito ahora autónomo de Buenos Aires- melagópolis regional- la provincia de Buenos Aires y el resto del país, en porciones iguales en cuanto a contribución en el PBI. Estas bases serían lo que conformarían hoy la agonía del “trencito peronista”. La política enmascarada de peronista, es decir, enalteciendo los fines que propugnaba el General.
Pues bien, resulta que las tres provincias importantes han sido conquistadas por otras fuerzas, algunas han coqueteado con el oficialismo pero en estas elecciones se miden desde veredas opuestas. Sin embargo, nadie podrá discutir que muchos de los hoy vencedores se autoproclaman peronistas disidentes.
Volviendo a la Capital, la reafirmación de su proyecto a nivel local y nacional les provee de un marco de acción más amplio aunque seguido de cerca de una fuerza trasversal, no cercana al oficialismo y con valores nacionalistas, proteccionistas y centrado en la producción. Una vocación de generar producto y marca nacional que atrae a los macristas, en plena expansión luego del desgaste sistemático del debate inter partidos instaurado por el matrimonio K. La retracción que su impopular candidato logró fue acompañada del rechazo de Filmus de ir como cabeza de lista. La representatividad que Carlos Heller le prestó al oficialismo no acercó el bochín en el ablero porteño sino que los resignó a un vergonzoso cuarto lugar.
Y por último, las legislativas ofician concurso de popularidad en miras a las presidenciables. Son dos años de carrera mediática y política para instalar el rostro del próximo presidente/a. Algunos -como Carlos Reutemann- los expresan en forma manifiesta, otros se miden en silencio hasta obtener el apoyo de alguna encuestadora.
A más de 7 horas de finalizado el escrutinio, ningún representante del “modelo” a plebiscitar emitió un mensaje.
¿Será el comienzo de una nueva apertura del Gobierno? ¿Será el fin de esta política a puertas cerradas? ¿Será el amanecer de una nueva corriente política? ¿Será el resurgir de un nuevo liderazgo nacional?





