
Cristina sostiene un cartel acercado por una estudiante cubana en las afueras de la Universidad de La Habana.
Hoy, martes 20 de enero, una Cristina Fernández de voz ronca clausuró el Seminario titulado “Oportunidades de Comercio, Inversiones y Negocios entre la Argentina y Cuba”, que tuvo lugar en la amada isla del poeta José Martí, Ernesto Guevara y Raúl Portal.
Dicho seminario, organizado con la finalidad de fomentar el comercio bilateral, se desarrollaba paralelamente al pomposo acto de asunción del primer presidente afroamericano de los Estados Unidos de América, el ex senador demócrata por Illinois: Barack Hussein Obama.
Mientras los medios de comunicación del mundo comentaban los pormenores del sistema de seguridad montado en pos de la toma de mando, los detalles protocolares a seguir y las personalidades presentes en el acontecimiento, la Presidente argentina se refería al año en curso como “2008″, rescataba los resultados arrojados por la balanza comercial -sobre todo en las exportaciones- y destacaba el crecimiento exponencial que espera el país para este nuevo año. Asimismo, remarcó el segundo lugar dentro de las inversiones extranjeras directas recibidas que ganó la Argentina entre los países de Latinoamérica y, por supuesto, no ahorró los cachiporrazos habituales a los “gurúes” neoliberales y sus recetas económicas.
Cristina justificó el lazo comercial entre las dos naciones en un advenimiento de la integración y cooperación Sur-Sur que se debe dar en un mundo que “ha cambiado definitivamente”. Destacó la complementariedad de ambas economías en el rubro servicios y turismo y no guardó elogios a la hora de nombrar a la Argentina y la República de Cuba como naciones “amigas y socias”.
Antes de pedir un brindis por “Chile…eh, perdón ¡Cuba, Cuba!” no pudo eludir el aspecto político de su visita en un día tan particular y bregó por la disolución del “cerco comercial” en pos del desarrollo del “ejercicio intelectual, de inteligencia” como otro de los ensayos semióticos a los que nos tiene acostumbrados, en este caso al intentar definir el vocablo “economía”.
Más tarde, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, inauguró la cátedra José de San Martín y por primera vez se refirió a la toma de mando de Obama, aunque sin nombrarlo. Expresó a los presentes que el discurso del nuevo presidente era “confirmatorio de las expectatvias” depositadas en la nueva gestión. Fue todo el entusiasmo que se le pudo pedir a Cristina sobre el tema, para que luego la “pingüina” desviara su mirada hacia las autoridades ejecutivas de la isla y se pronunciara en favor del “respeto a las formas q deciden darse los pueblos para gobernar y dar forma a sus instituciones”.
Al viaje la acompañaron la mayoría de sus funcionarios y una nutrida comitiva de empresarios. Su médico personal, famoso por estos días tras la dudosa “lipotimia”, aparentemente veranea en Pinamar. Y mientras a Obama le impiden usar su Blackberry, Cristina no descarta seguir usando abanicos en actos oficiales. Una nueva era se asoma…






1 comentario
Mayo 11, 2009 a las 10:57 pm
Me parece lamentable el gasto de tiempo y esfuerzo para comentar tantas estupideces.
Te ahorraré mi visita así tenés uno menos por quién preocuparte.
Seguí con el Facebook que te queda rebien gorda/o.
Ni me fijé si sos flaco o mina pero segual.